RCD Espanyol: ¿Paciencia o exigencia?

RCD Espanyol: ¿Paciencia o exigencia?

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Chen Yansheng. Fuente: Marca

La verdad es siempre una ilusión.” (Friedrich Dürrenmatt)

Corren nuevos tiempos por Cornellà el Prat. Chen Yansheng aterrizó el pasado 21 de enero con un puñado de millones de euros en el bolsillo, una media sonrisa a prueba de desconfiados y con las palabras justas que todo aficionado al club perico deseaba oír: “En menos de tres años en Champions”.

Es inútil frenar la ilusión. Esta se extiende más rápido que el mercado asiático, y entre las apagadas almas de los hinchas blanquiazules, prendió la mecha de la ilusión y el recuerdo, que otrora rememoraban a Luis García, Tamudo y Riera hacer las delicias del respetable. Enseguida, nos pasaron por la mente títulos de Copa del Rey y finales de UEFA decididas en agónicos penaltis, donde nuestras emociones estaban tan agarrotadas como las piernas de los jugadores. Y es que, bajo las calvas de entrenadores como Lotina y Paco Flores, el club catalán se hizo un nombre entre los más grandes de Europa a base de corazón, pasión y entrega. Las lágrimas se nos escapaban entre las manos, pero qué bonito era leer ríos de tinta hablando del Espanyol, y la forma en la que se había hecho un nombre. Un club, que a pesar de descensos, quiebres económicos y malas gestiones, ha sido mantenido a flote los más de 25.000 socios, que añoran recuperar aquellos tiempos de grandeza.

Llegaba el magnate chino a golpe de talonario, trayendo al capitán del barco, Quique Sánchez Flores, un viejo lobo de mar curtido en mil batallas, y tras periplos por Emiratos Árabes Unidos y Reino Unido. Con él, algunos tripulantes de este navío, como Piatti, Demichelis, Jurado, Leo Batistao o Javi Fuego dispuestos a ponerse a las órdenes de su comandante. ¿Es posible competir por Europa?

El aficionado intrépido dirá que sí. Quique ha obtenido buenos resultados allá donde ha dirigido, rescatando a los atléticos de una sequía de títulos en aquella memorable final contra el Fulham. Los jugadores son totalmente válidos, con un velocista Piatti que tiene ganas de demostrar lo que es, y un Leo Batistao que quiere enseñar lo que puede ser. Se están sentando las bases de un proyecto sólido, dirigido por un nuevo presidente que está implicado con el club y la ciudad. Por si fuera poco, su infatigable afición nunca dejará de apoyar, haciendo de cada minuto 21 de partido un grito ahogado para aquellos que hace tiempo dejaron su forma humana para convertirse en leyenda.

Sin embargo, habrá aficionados pericos cuya paciencia, tantas veces machacada, pondrá en tela de juicio las expectativas esta temporada. Quique es un buen entrenador, sí, pero su último periplo en España con el Getafe no acabó como debía. Además, Piatti no ha terminado de explotar, Leo tienen tanto talento como tendencia a lesionarse, y jugadores como Jurado y Demichelis pueden estar de vuelta en cuanto al fútbol profesional se refiere. Ya hemos visto empresarios tomar el control de un club de fútbol y salir a pedradas, no debemos confiarnos. Siendo la primera temporada, una salvación holgada sería más que suficiente, y que no se nos derrame la sangre entre las manos en unas últimas jornadas de transistores y uñas mordidas.

Así comienza la temporada 2016/2017 para el RCD Espanyol, tratando de frenar una ilusión incipiente que amenaza con descolocar a los más viejos del lugar, y que puede acabar en una tragedia griega, o china, en este caso.

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